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BEGOÑA PICON

EL BUSCADOR

 

Toda la familia acabamos de pasar un trágico momento que cualquier persona rehuye por su fatal desenlace. Todos esos días previos a dicho final  en el que no encuentras consuelo en nadie ni en nada, días en que el tiempo parece relantizarse por momentos haciendo que el sufrimiento vaya en aumento; un tío mío nos contó a mi marido y a mi un cuento, quizás para relajarnos y hacernos olvidar un poco la realidad del momento, o tal vez para hacer una gran reflexión. Tanto me gusto el cuento que me gustaría compartirlo con todos vosotros y naturalmente contando con su consentimiento naturalmente. El cuento se titula EL BUSCADOR y  decía así:

Había una vez un hombre que tras una vida plena o no., su  gran afán seria poder encontrar en un lugar remoto el secreto de la eterna juventud, tal vez una pócima, unas hierbas milagrosas o un brebaje. Un día decide que tiene la necesidad  de emprender un largo camino en busca de ese mágico elixir. Recorre infinidad de caminos, pueblos y países. Sufre las más extremas inclemencias climatológicas, tanto las altas temperaturas de las zonas áridas como las más bajas temperaturas de las altas montañas. Hay momentos en que las fuerzas empiezan a fallarle, esa fuerzas con las que salió de su pueblo ya no son las que eran. Buscaba y buscaba pero no hallaba fruto a tanto esfuerzo.

En ese momento es cuando en medio de un paisaje árido ve a lo lejos un gran oasis, un  autentico paraíso verde en medio de las áridas tierras por las que estaba pasando. Emprende camino hacia tanta belleza y verdor que desprendía tan espectacular paisaje. Andando cada vez descubre  que a medida que se va acercando la belleza del verdor y el colorido de las flores cada vez es más espectacular. Cuando por fin llega descubre que ese lugar  de tanta belleza y colorido que empezó divisando a lo lejos no era más que un cementerio. La frustración se apoderó de el por un momento pensando que tanto esfuerzo y tantos sufrimientos como pasó  durante días por esos largos caminos y solo para  llegar a un cementerio. Decidió entrar después de todo. Empezó a leer las lapidas que ponían: Carmen 12 años, 4 meses y 23 días; Antonio 14 años 10 meses y 6 días; Carlota 14 años, 3 meses y 21 días; Sandra 13 años 11 meses y 20 días y así todas; ninguno de ellos llegaba a los quince años. La tristeza se apodero de el  pensando que el a sus años solo pensaba en encontrar el elixir de la eterna juventud y todas aquellas personas no sobrepasaba ninguna de los quince años y entonces empezó a llorar. En ese momento llegó un viejecito que era el encargado de mantener  en perfecto estado ese lugar y le pregunto  porque lloraba. El le contó que emprendiera un largo camino en busca de la pócima milagrosa que le diera el poder de la eterna juventud pero al ver esa lapidas de esos niños tan jóvenes no podía hacer otra cosa que sentirse avergonzado de  su comportamiento. Le pregunto porque en ese pueblo se moría la gente tan joven y el anciano se lo explico: Cuando los niños aprenden a escribir les damos una libreta y un bolígrafo que llevaran toda la vida. En ella irán apuntando los momentos de verdadera felicidad concretando su duración. Cuando la persona fallece nunca ponemos su edad sino que sumamos los momentos  de verdadera felicidad  y su total lo reflejamos en cada lapida y esos momentos son los que realmente importan, que mas da que tengas una vida longeva si no fuiste feliz. Esos momentos son con los que nos debemos de quedar cuando alguien querido se nos va. Siempre se nos parecerá pronto pero debemos pensar  si fue realmente feliz. Analicemos si vale la pena tener una vida larga o una vida llena de felicidad aun siendo mas corta. NO IMPORTA EL NUMERO DE AÑOS SINO EL NUMERO DE MOMENTOS FELICES

 

BEGOÑA PICON

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